Fuera de juego

Fuera de juego3La moral está por las nubes, principalmente porque jugamos en nuestro campo. Es un arma de doble filo, similar a esa chiquilla que vuelve a casa sola de noche. Se asusta con cada mínimo ruido, toma el camino más largo si está mal iluminado y lleva el móvil de la mano como si fuera hablando. Pero, según se va acercando a su domicilio, se relaja. Y cuando se encuentra a punto de llegar a su portal, ya puede aparecer una banda al completo de delincuentes cargados con armas, que ella los mirará con  curiosidad y sonreirá, pensando: “Aquí soy intocable. Tengo un escudo de fuerza invisible que me protege del bien y del mal.” Es la confianza presente hoy en el ambiente. Como si por estar en tu estadio fueras invencible, a pesar de haberse demostrado, más veces de las deseables, que eso no funciona así.

Juego en un equipo de segunda B. Digo juego, porque mi nombre aparece en la lista de convocados, aunque el banquillo tiene un lugar con la forma de mis posaderas. Una de las causas es que soy mayor. Soy un viejo de treinta y dos años. Al convertirme en futbolista, descubrí que había vendido mi alma al diablo y cuando los demás cumplen un año, yo consumo cinco. Algo similar a lo que cuentan sobre la edad de los perros. Otro motivo es que no he aprovechado bien las oportunidades. Sigo soñando con ese gran día que me convierta en una estrella. 

Hoy nos jugamos el ascenso. En la ida, el resultado fue empate a cero. El marcador refleja lo vistoso del juego desplegado. Tras los saludos y el sorteo de campos, comienza el encuentro. Pasados los primeros diez minutos, el balón apenas ha salido del círculo central. Nos espera otro duelo apasionante.

Cinco mil personas abarrotan el graderío. Nunca se había visto tan lleno, en parte porque se han regalado muchas entradas a los aficionados del equipo. En uno de los fondos hay acoplados como quinientos hinchas del equipo rival que, como es costumbre, hacen más ruido que los locales.  Además, han venido con pancartas. En una de las más grandes se puede leer con letras rojo sangre (como la sangre que pretenden hacer): De Tarzán a George de la Jungla. Por supuesto, también tienen cánticos, compuestos por grandes músicos sacrificados para la causa. En alusión al cartel anterior y entonando el soniquete del tractor amarillo, se escuchaba lo siguiente:

No tengo el control de mis pies /La pelota tiene vida

No sé que hacer con mis pies/Me parecen gelatina

¿Dónde ha de entrar el balón?/Le pregunto yo a mi madre

Que es la forma más sencilla/De ser el héroe del día

Tarzán es el apodo, inventado por un entrenador de infantiles, con el que fui conocido durante los primeros años de mi carrera, cuando estaba seguro de comerme el mundo. Un equipo grande se fijó en mí y firmé un contrato para jugar con el filial, compartiendo concentraciones y entrenamientos con grandes e históricos jugadores. Fue también un período de desfase. Acudía a fiestas, me codeé con chicas preciosas y atesoraba mucho más dinero que el resto de los chicos de mi edad. El problema es que a nadie se le ocurrió contarme que eso no es la vida real y, sobretodo, que no dura para siempre.

Empecé a jugar algunos minutos con el primer equipo en partidos poco relevantes. Pero un virus gástrico me dio la oportunidad en un encuentro trascendental. La oportunidad de cagarla. Nos jugábamos el pase a la final de Champions. Nos servía ganar o empatar y en ese momento, minuto ochenta, íbamos por delante en el electrónico, dos a uno. Era improbable salir al campo, pero una lesión (casualidades de la vida), obligó al Míster a sacarme. La realidad es que no tenía que hacer nada, solamente dejar morir el encuentro. Pero las ganas de demostrar mi valía pudieron conmigo. Completamente solo, con el balón controlado, me tropecé, pisé el esférico y me caí al césped. Un contrario cercano tan sólo tuvo que correr y rematar un mano a mano con el portero, despistado por el convencimiento de que ese balón saldría muy lejos de su área. Error garrafal, pero aún clasificados. Sin embargo, yo ya no era la misma persona, la rabia y los nervios se habían apoderado de mí. Comencé a correr por el campo con mucha energía y ninguna cabeza, metiendo el pie sin sentido. Lo que conseguí fue hacer un penalti a un adversario, en el minuto noventa y dos, cuando era completamente imposible que llegara  a la pelota. PeroFuera de juego2 claro, yo no veía el balón, sólo piernas, y ahí es donde fueron a parar los tacos de mi bota: a la rodilla del contrincante. Así se resume como yo solito perdí la eliminatoria. Si lo intento hacer adrede, no lo consigo. Eso sí, fui titular de prensa, tanto deportiva como humorística, durante semanas. A día de hoy, doce años después, aún aparezco en algún zapping. El comentarista de un programa de televisión me denominó entonces “George de la Jungla” como sinónimo de Tarzán patoso. Con ese mote me quedé. Me molestó durante varios años, encarándome con cualquiera que me llamase así. Pero hoy, hasta me ha hecho ilusión reconocerme en las pancartas y los cánticos. Muchos jugadores pasan sin pena ni gloria por los equipos. No es exactamente mi caso, porque yo con algo de pena si pasé, pero la gente me recuerda y emplea su tiempo en inventarme una canción. Y eso, sin estar siquiera sobre el terreno de juego.

Estamos a punto de llegar al descanso. El partido está siendo un bodrio. Miro a los aficionados, entregados, eufóricos, sin parar de gritar y me planteo si les habrán regalado alguna bebida alcohólica antes de entrar. En la grada, junto al banquillo, descubro a Lucía. Ella siempre está ahí, pero generalmente no hay tanta gente alrededor. Es su manera de apoyarme. Acude haga frío o calor, aunque la mayoría de las veces yo ni pise el campo. Sé que no la gusta especialmente el fútbol y dudo que eso cambie viéndonos a nosotros. No son los partidos más bonitos del mundo precisamente. 

La conocí hace trece años, en una fiesta. Yo iba con el ego subido, diciendo chorrada tras chorrada a toda mujer allí presente, seguro de ser irresistible. Me fijé en ella. Llevaba puesto un vestido blanco, sandalias de tacón y el pelo recogido en un moño despeinado. Lo que más me impactó fueron sus ojos verdes, llenos de vida. Me acerqué, pero fue la única chica de la fiesta que me ignoró. Según la eché un piropo de los que llevaba aprendidos, ella tan sólo respondió: “¡Qué original! No me interesa”. Me sentí muy indignado y pensé que era la persona más borde que había conocido. Pero claro, eso hizo que la recordara, al reencontrarme con ella seis años después, en un centro comercial. En esta ocasión me permitió invitarla a un refresco. Estaba terminando la carrera de Ciencias del Mar.

– Siempre me ha apasionado el fondo marino y los animales que habitan en él. Tengo especial predilección por los delfines: inteligentes, sociables, fuertes… Cuando nos “conocimos” –hizo el signo de las comillas con los dedos de las manos– esperaba hacerme famosa como modelo o actriz. No he abandonado las clases de teatro, pero me alegro de haberme centrado y estar estudiando. ¿Y tú? ¿Has estudiado alguna cosa, o te has planteado que harás después del fútbol?

La miré con cara de sorpresa. Quizás ella tuvo una mala experiencia, pero yo iba a triunfar en breve, en cuanto dejaran de llamarme George de la Jungla.

– Lo cierto es que espero ganar el suficiente dinero, para poder vivir después invirtiéndolo. Aún no estoy en ese momento, pero todo llegará.

Algo me hizo suponer que no era una gran respuesta. A pesar de ello, comenzamos a quedar. Ella sacaba lo mejor de mí, una parte desconocida hasta el momento. Aún lo hace. Llevamos juntos desde entonces. Siete años. Nunca me había parado a pensar en como pasa el tiempo. No vivimos juntos, ni nos hemos comprometido, porque estamos esperando a que llegue mi salto definitivo.

Tras el descanso, el partido continúa en la misma línea o peor. Los jóvenes que tiene cerrado su fichaje por otro equipo, no están demasiados motivados. Aquellos que están pendientes de conseguir un contrato, temen lesionarse. Y luego están los Fuera de juego4veteranos, divididos en dos grupos: los que han pasado toda su carrera en el ese equipo y sienten los colores (es decir, los únicos que corren de verdad), y los que no ven con malos ojos una derrota, que les asegure continuar jugando allí la próxima temporada. Ya se sabe que un ascenso produce múltiples cambios, especialmente de plantilla. Por vez primera me planteo en qué grupo estoy yo. Siento pavor. Creo que estoy en esta última fracción. ¿Lo mejor que puedo esperar es terminar mi carrera aquí? Vuelvo a mirar a la grada y encuentro la sonrisa de Lucía. Nunca me ha dicho nada, pero intuyo que ella lo sabe. ¿Qué estoy haciendo? ¿A qué estoy esperando para agarrar mi vida de verdad?

El árbitro pita el final. Iremos a la Prórroga. Animamos al portero. Esto huele a tanda de penaltis. El público aprovecha el receso para abuchear a los árbitros. Lo cierto es que apenas ha habido polémica, pero a los jueces hay que abroncarlos siempre.

Llega la prórroga y balón al palo del equipo contrario. Aunque a mí me lo han tenido que contar, porque estaba desconectado. Me río mucho cuando veo partidos por la tele en los que enfocan al banquillo y los comentaristas hacen cábalas sobre las caras de concentración de los futbolistas. En realidad la mayoría están pensando en lo que tienen que comprar en el súper, donde podrán salir ese día de fiesta o si su hijo habrá mejorado de la tos. 

Por supuesto termina la prórroga con el mismo marcador. Los aficionados estarán felices, ni un gol en toda la eliminatoria. Me doy cuenta de lo poco importante que es todo esto. Nunca voy a ser una estrella, ni voy a ganar suficiente dinero para vivir de las rentas. Si ascendemos, probablemente tenga que irme a otro lugar. Si continúo aquí, seguiré calentando el banquillo.

Ni la tanda de penaltis es buena. Los dos primeros tiros, fuera. Es como si hubiera una maldición y el esférico no pudiera traspasar la línea de meta. También puede parecer que nadie quiere ganar. Por fin, entra un gol. La gente lo celebra como si hubiésemos ganado la liga. Llegamos al último penalti con empate a dos. Si marcamos ganamos y ascendemos. Si no, se continuará tirando. Pero a mí no me importa si entra o no. En cuanto finalice el encuentro invitaré a Lucía a cenar para celebrarlo. Celebrar que hoy es el día uno del resto de nuestras vidas. Quiero vivir con ella y estudiar Empresariales. Al fin y al cabo, siempre soñé en dedicarme a invertir dinero cuando dejara el fútbol.

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Categorías: Relatos | Etiquetas: , , , | 6 comentarios

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6 pensamientos en “Fuera de juego

  1. Reconozco que los deportes me encantan, me gustan los relatos deportivos y este se lee muy bien, perfectamente bien escrito, se nota que a ti también te gustan los deportes. Muy bueno.
    Una duda, dime que Tarzan alias George de la Jungla jugaba en el Barcelona!!!! 😀
    Enhorabuena por el artículo.

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    • ¿Te gustan los deportes? ¿En serio? De lo que se entera una ;). Muchas gracias por el comentario. El equipo del protagonista es de esos grandes misterios que no deben de desvelarse nunca…

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  2. frinco

    Bueno, por fin has dedicado un articulo a Arbeloa… ( con psudonimos por los derechos de autor).. No es el gol de zidane, pero es un avance y esta genial el relato. Me ha gustado.

    En cuanto a la parte de ciencia ficción ( estudiante para modelo o actriz que rechaza en fiesta liarse con futbolista famoso)(¿ Futbolistas pensando en la lista de la compra ? ¿ Hombres pensando en la lista de la compra antes de llegar al super? )( ¿ Gente que pretende empezar a estudiar con 32 años empresariales y encontrar un curro?) … No te olvides de para el proximo relato, narrar las aventuras de Portal Croft y su escudo de fuerza contra la banda de delincuentes cargados de armas…nos tienes en ascuas.

    Y para variar, te has dejado el encuentro sexual del george y lucía en las duchas del vestuario durante el descanso…a ver cuando sacas la version extendida sin censura de tus relatos.

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    • Jaja. ¿Tú no sabes que la realidad generalmente supera a la ficción? Poco has debido de ver ;). Gracias por el comentario. El relato te lo dedico a ti :).

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      • frinco

        ¿ No estaras insinuando que juego mal al futbol, eh!!??

        Muchas gracias, ya estoy esperando el proximo..A ver si esta ambientado en el madrid olimpico

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