La Compañía de Magia

ChisteraLa Compañía Estatal de Magia recorría todos los pueblos en una gira sin descanso. Llevaba un programa creado por el gobierno y no eludía ningún lugar, por pequeño y recóndito que fuera. Los carteles de publicidad anunciaban sin cesar la necesidad de no perderse aquel espectáculo, ideado especialmente para servir como terapia del alma. La gente lo esperaba con ansiedad.

El precio no suponía desembolso económico. Los asistentes tan sólo debían rellenar una cuartilla donde escribieran un sueño, un deseo por cumplir.

Aquel día la Compañía había llegado a la aldea de Deziro. El público se fue sentando en las sillas dispuestas para la ocasión y la función transcurrió como todas. El mago Stelisto  iba sacando los papeles del público y los hacía desaparecer en el interior de su chistera. Después ponía en práctica algún típico truco como convertir confeti en una paloma o cortar a su ayudante en dos. Al terminar, la persona dueña del papel utilizado se levantaba y salía. Nadie les decía nada, pero una fuerza interna los empujaba a marcharse. En la puerta les esperaba una bolsa con fruta, leche y pan. Transcurrían tiempos difíciles y toda ayuda era poca.

De esta manera, todos los espectadores se fueron de la estancia, quedando al final un padre y un hijo de unos quince años. El mago metió la mano en el sombrero pero comprobó que estaba vacío.

­­—Disculpen, ¿cómo han accedido al recinto?

El padre tomó la palabra.

—Nos hemos colado. Llegábamos tarde y creímos que no pasaría nada. Al fin y al cabo no cuesta dinero.

—Nunca se había colado nadie aquí. ¿Saben que están incurriendo en un delito?

—¿Qué hace con los papeles que desaparecen? ¿Dónde van?—. El chico había aprovechado la conversación de los adultos para acercarse a la chistera y mirar en su interior.

—No te acerques ahí. ¿Es que no tienes modales? Si no quieren tener problemas, lo mejor sería que rellenaran una hoja ahora mismo.

El padre cogió una cuartilla, dibujó una cruz y se la entregó al mago.

—Estoy en paro desde hace dos años. Perdí el trabajo y después la casa. Más tarde falleció mi esposa, que en paz descanse, y ahora mi hijo y yo vivimos al día. No me quedan sueños, ni deseos, esos ya me los quitaron antes. Cómo verá, su función tiene un precio excesivo para mí.

—Bueno, supongo que podríamos arreglarlo si su hijo tiene dos sueños. Muchacho, ¿tú no anhelas nada?

El chaval miró al mago horrorizado.

—Ustedes vienen aquí a robarnos los deseos. Eso es lo que hacen. Quieren que seamos dóciles, conformistas. Nos muestran unos trucos y con ello esperan que nos vayamos contentos. Es la razón también de que den comida al final. Si no hay hambre, ni aspiraciones, ¿cuál es el problema?

—¡No digas tonterías! Esta compañía es uno de los servicios del gobierno para facilitar la vida a los ciudadanos.

—Y nos engañan diciéndonos que es gratis cuando no lo es. Lo pagamos día a día. No voy a entregarle ninguno de mis sueños y tampoco quiero que se quede con los demás.

El chico agarró la chistera, sacó un mechero y la convirtió en cenizas. El ilusionista se abalanzó sobre él pero únicamente logró chamuscarse los dedos. Mientras los ojos del muchacho ganaban en brillo, los del mago se apagaban. Tomó su varita, dio unos toques sobre una mesa y una humareda blanca precedió a su desaparición.

La Compañía no regresó por allí. Los rumores circulaban de boca en boca. Unos afirmaban que el prestidigitador había muerto y otros que la Compañía había ardido. Algunos lamentaron la pérdida y recordaban lo bien que les venían los alimentos y pasar un rato de diversión. Pero ya se sabe que todo se olvida y pronto nadie hablaba ya de ese tema. De lo que sí hacían comentarios era del espectacular cambio del pueblo. El lugar estaba prosperando a pasos agigantados. Este fue, sin duda, el último gran truco de la Compañía.

* Las palabras “Deziro” (deseo) y Stelisto (ladrón) vienen del esperanto.

"El Prestidigitador" de El Bosco

“El Prestidigitador” de El Bosco

Este relato ganó en el mes de enero de 2014 en el concurso del blog “El relato del mes”
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Categorías: Relatos | Etiquetas: , | 3 comentarios

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3 pensamientos en “La Compañía de Magia

  1. frinco

    Me cabe la duda de si Deziro era una población en que reinaba la anarquía…Unos tios que se cuelan , y queman cosas, es que no tienen policias ? Un servicio polemico del gobierno tiene al menos la furgonetilla llena de policias para los agitadores…

    Y lo más inquietante, el padre y el hijo, donde habian dejado al perro?

    Por lo demás, aunque cambiaran al mago por otro personaje y ahora el pueblo progrese, seguro que es a base de construir y construir casas y conceder hipotecas con un sistema financiero sospechoso detrás, hasta que les explote la burbuja en unos 10 años, y venga otro mago a dales fruta, leche y pan

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    • Anarquía… Sólo se cuelan dos y es la primera vez que pasaba. Y tampoco queman tanto, anda que no hay pirómanos sueltos cargándose hectáreas y hectáreas de bosque y aquí sólo son unos papelitos. Si te das cuenta, tampoco era demasiado polémico el servicio, a veces es así de fácil. Me has dejado con una duda: ¿Por qué debería de haber un perro?

      Creo que tienes parte de razón, pero también creo que por eso la gente deberíamos de abrir los ojos, aunque eso cueste esfuerzo. No en todos los sitios pasa exactamente igual y a lo largo de la historia se han producido muchos tipos de cambios a todos los niveles, aunque el que tiene más poder, lo ejerce y el que no, lo sufre. Es una lucha constante. Pero bueno, esto es sólo un pequeño relato y la realidad siempre supera a la ficción… 😉

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      • frinco

        Bueno, lo de los piromanos es correcto, pero practicamente el 80% de ellos, se ven respaldados por un mago que necesita una recalificacion para construir cositas, así que la piromanía no entra en los delitos castigados por un mago.

        Sin embargo, el quemar un papelito digamos escrito en una lengua de una comarca que quiere independizarse, se castiga con la ejecución del verdugo…

        En cuanto a lo del perro, otra pista, junto con el perro hay un instrumento musical con agujeritos… 🙂

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