El ajedrez de Ángela

Ángela rompió a llorar desconsolada, cuando su padre comenzó a colocar las piezas en el tablero. Éste la miró con asombro y sin entender nada. Llevaba un mes enseñando a su hija a jugar al ajedrez y la niña se había mostrado entusiasmada, hasta el punto, de solicitar por su octavo cumpleaños una mesa que tenía dibujado un damero, al estilo de las que pueden verse en muchos parques.

"Las jugadoras de ajedrez" de John Lavery

“Las jugadoras de ajedrez” de John Lavery

Ángela, cariño, ¿qué te sucede? ­­

Me da pena… 

Las palabras sonaban entre puchero y puchero.

¿Qué te entristece? ¿Haber terminado las “clases”? ¡Ahora podemos echar partidas de verdad!

Yo esperaba que hubiera otras reglas, un final diferente. Me dan pena los personajes, sobretodo los peones y la reina.

Mi vida, es un juego…

El padre trataba de calmar a la chiquilla, sentándola en sus rodillas y acariciándole la cabeza con ternura. La cría no cesaba de hipar y parecía que podía ahogarse en el mismo torrente de sus lágrimas.

Pero, papá, no lo entiendo. Los peones no pueden hacer nada por defenderse. Sólo pueden ir hacia delante y se sacrifican como si no valieran nada.

Cada pieza tiene su movimiento y su misión. Además, tienes muchos peones.

Pero todos son distintos y únicos. Yo les puse un nombre a cada uno el primer día en la parte de abajo. Este se llama Paco, como el abuelo, este Pablo como el hijo del carnicero…

Ángela fue tomando los peones uno a uno y pasándoselos a su padre. Todas las bases llevaban escrito un apelativo a rotulador y se notaba que la niña se había esmerado con la caligrafía.

Y éste es Carlos, como tú. El nombre de mamá no he podido utilizarlo, porque no hay “peonas”. 

Podías habérselo puesto a la reina.

¡No! La reina me da todavía más lástima que los peones. 

El padre comenzaba a sentirse vencido por la determinación de la pequeña, pero, a pesar de temer la respuesta, continuó preguntando.

"Benjamin Franklin jugando al ajedrez con Lady Howe" de Edward Harrison

“Benjamin Franklin jugando al ajedrez con Lady Howe” de Edward Harrison

¿Qué tiene de malo la reina? ¡Es la mejor! Puede moverse en todas las direcciones, cuantas casillas quiera.

Los peones son los menos importantes. Después están las torres, los alfiles y los caballos. ¡Me encantan los caballos! Estas piezas son superiores a las otras y más grandes. Pero también te las dejas comer si te viene bien. Y por último está la reina que puede ir a cualquier lugar. Eso debería convertirla en la preferida, pero resulta que no. ¡Al que hay que cuidar siempre es al rey! No sirve de nada todo lo que puede hacer la pobre reina.

Cielo, son las normas de la partida. Las cosas son así. El objetivo es acabar con el rey.

¡El rey es un inútil! Sólo puede desplazarse una casilla y depende de que los demás lo protejan. 

La voz de la pequeña ganaba en efusividad por momentos y las lágrimas se estaban convirtiendo en rabia. El padre se dio cuenta de que era una batalla perdida, mientras miraba de reojo la mesa sin estrenar.

Escucha Ángela, tengo una idea. ¿Por qué no creas tu propio juego? Alcanza la libreta y vete escribiendo las normas nuevas. Hasta que lo tengas, ¿qué te parece si te enseño otra cosa? Coge a tus pequeños amigos con nombre, aunque quizás debas hacer modificaciones, porque vamos a jugar a las damas. Aquí todas las piezas tienen el mismo valor y las mejores son aquellas que logran llegar al final del escaque. 

La cara de la niña se iluminó como un estallido de fuegos artificiales, haciendo gala de una enorme sonrisa mellada. Mientras entregaba a su padre los peones, guardó las reinas en los bolsillos y dejó volar la imaginación, fantaseando con el gran proyecto que tenía entre las manos: “El Ajedrez de Ángela”.

*Este relato resultó ganador en julio de 2012 del blog “El relato del mes” en la categoría de tema libre y está incluido en el libro conmemorativo de ese año.

 

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Categorías: Relatos | Etiquetas: , , , | 4 comentarios

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4 pensamientos en “El ajedrez de Ángela

  1. Y no me extraña que fuera seleccionado, es un relato maravilloso. Consigues que los personajes salgan del papel. Es brillante cuando la pequeña muestra el nombre que le puso a cada peón. Esa comparativa con las damas lo que te lleva a una lectura más profunda que te lleva hasta los sistemas políticos. Yo no participaba en la página por esas fechas pero sin duda cuenta que hubieras tenido cinco votos más. Saludos

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    • ¡Muchas gracias David por tu comentario! Pretendí que fuera un relato corto, sencillo, tierno, pero a la vez con trasfondo. Valoro mucho esta opinión y me alegro de que te haya gustado :).

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  2. frinco

    En fin, estupendo relato, la verdad. A ver si las proximas elecciones las gana el partido de la igualdad lexica, lee tu relato y conseguimos tener peones y peonas, caballos y yeguas, alfiles y alfilas…

    En cuanto al ajedrez, el rey representa al jugador en el tablero. Mueve de uno en uno sí, pero se encarga de ordenar y decir a las demas piezas a donde mover…tampoco el general anda en las batallas corriendo de un lado para otro metiendo tiros…es decir, el rey es la mente…

    Que manía de valorar el físico y no el intelecto..con esa educación Angela acabará valorando estar delgada y estar monísima en vez de pensar por si misma 🙂

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    • Jaja, la verdad es que lo importante no es la igualdad léxica, sólo la igualdad :). Yo no veo tan claro lo de que el rey es la mente. Las estrategias no pasan por el rey, pasan por todos los demás, el rey sólo debe de seguir en pie. Creo que la niña de mi historia demuestra tener un buen intelecto, esperemos que no se eche a perder… Gracias por seguir leyendo y comentando mis relatos.

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